Mis padres me acaban de enseñar algo, en sus afectadísimos ochentitantos...
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Mis padres me acaban de enseñar algo, en sus afectadísimos ochentitantos...
Es sobre el desarraigo.
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Mis padres me acaban de enseñar algo, en sus afectadísimos ochentitantos...
Es sobre el desarraigo.
Mi papá, con su demencia que le impide hablar, se emociona cuando salimos en auto y pasamos por algún lugar que le recuerda su infancia o su juventud.
Como puede, me explica que ahí vivía él, que allá vivía su amiguito, que a este lugar venían en bicicleta, que a aquél otro fueron en moto.
Me guía, doblá acá, seguí para allá, hasta llegar a sitios que tal vez no se acuerda o no puede explicar lo que significan, pero que igual lo hacen feliz.
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Mi papá, con su demencia que le impide hablar, se emociona cuando salimos en auto y pasamos por algún lugar que le recuerda su infancia o su juventud.
Como puede, me explica que ahí vivía él, que allá vivía su amiguito, que a este lugar venían en bicicleta, que a aquél otro fueron en moto.
Me guía, doblá acá, seguí para allá, hasta llegar a sitios que tal vez no se acuerda o no puede explicar lo que significan, pero que igual lo hacen feliz.
Mi mamá en cambio, si bien su Alzheimer la disminuye mucho menos, no tiene una reacción emocional hacia los lugares de su vida.
Le gusta verlos, claro, pero en seguida se quiere ir, y jamás me pide que la lleve a un lado o a otro.
Los sitios, para ella, son cáscaras vacías, cosas que no valen nada cuando dejan de cumplir la función que tenían.
"Ah, sí, ahí vivía yo... ¿qué hora es?"
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Mi mamá en cambio, si bien su Alzheimer la disminuye mucho menos, no tiene una reacción emocional hacia los lugares de su vida.
Le gusta verlos, claro, pero en seguida se quiere ir, y jamás me pide que la lleve a un lado o a otro.
Los sitios, para ella, son cáscaras vacías, cosas que no valen nada cuando dejan de cumplir la función que tenían.
"Ah, sí, ahí vivía yo... ¿qué hora es?"
Hoy, mientras mi papá estaba feliz como un nene porque pasamos por la casita de mi infancia, y mi mamá decía con indiferencia que era una casa muy vieja, entendí por qué reaccionan de forma tan diferente.
Y me resultó revelador...
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Hoy, mientras mi papá estaba feliz como un nene porque pasamos por la casita de mi infancia, y mi mamá decía con indiferencia que era una casa muy vieja, entendí por qué reaccionan de forma tan diferente.
Y me resultó revelador...
Mi mamá nació en Sicilia y vivió allí hasta los siete años.
Todos esos recuerdos emotivos que atan un lugar, su olor, su luz, sus colores, a un abanico de relaciones significativas y de emociones infantiles, quedaron para ella muy atrás, allá en el barrio de Santa Maria Malati, en Acireale, entre almendros, roca volcánica, y cíclopes lejendarios.
La bicicleta, los amiguitos, los juegos, todo eso dejó de existir para ella cuando se subió a un barco en 1952.
A mí mamá le quitaron su infancia.
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Mi mamá nació en Sicilia y vivió allí hasta los siete años.
Todos esos recuerdos emotivos que atan un lugar, su olor, su luz, sus colores, a un abanico de relaciones significativas y de emociones infantiles, quedaron para ella muy atrás, allá en el barrio de Santa Maria Malati, en Acireale, entre almendros, roca volcánica, y cíclopes lejendarios.
La bicicleta, los amiguitos, los juegos, todo eso dejó de existir para ella cuando se subió a un barco en 1952.
A mí mamá le quitaron su infancia.
Estoy seguro que mi nonno, que era un tipo casi analfabeto que entendía mucho más que varios pelotudos con doctorado, tenía perfectamente claro el sacrificio que estaba haciendo y lo que les estaba quitando a sus hijos.
Pero la alternativa era la pobreza.
El precio que mi mamá pagó por tener una vida, fue el desarraigo.
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Estoy seguro que mi nonno, que era un tipo casi analfabeto que entendía mucho más que varios pelotudos con doctorado, tenía perfectamente claro el sacrificio que estaba haciendo y lo que les estaba quitando a sus hijos.
Pero la alternativa era la pobreza.
El precio que mi mamá pagó por tener una vida, fue el desarraigo.
Y cuando no te queda nada, como sucede en la vejez, mi papá tiene la alegría de ver una esquina donde jugaba a la escondida. Algo que tal vez ni siquiera recuerda en términos conscientes, pero que emotivamente lo gratifica.
Mi mamá no tiene nada de eso. La columna vertebral de la psique de un inmigrante es su propia personalidad, porque el entorno no le da ningún apoyo. Y cuando eso se debilita, se desvanece todo.
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Y cuando no te queda nada, como sucede en la vejez, mi papá tiene la alegría de ver una esquina donde jugaba a la escondida. Algo que tal vez ni siquiera recuerda en términos conscientes, pero que emotivamente lo gratifica.
Mi mamá no tiene nada de eso. La columna vertebral de la psique de un inmigrante es su propia personalidad, porque el entorno no le da ningún apoyo. Y cuando eso se debilita, se desvanece todo.
Pensaba que los argentinos, que somos los descendientes de los barcos que nos trajeron, somos una nación de desarraigados.
Por eso destruimos periódicamente nuestra herencia, porque no sentimos que tengamos nada que perder, porque sabemos que al subirnos al barco ya lo perdimos todo.
Somos una nación que, cuando nos ataca la demencia, no tenemos nada a lo que agarrarnos para mantenernos firmes.
Nos robaron la infancia, no tenemos ningún ancla salvo nosotros mismos.
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