Que no sean solo palabras
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Escribe: Gustavo Antúnez.
Si lo contás no te creen. Un senador opositor llama a comisión a la ministra de Industria por el aumento del precio del petróleo. ¡Hay una guerra, senador! y no hay nadie en este país que pueda hacer nada para evitarlo. Y encima algunos medios lo publican como si fuera toda una novedad. De todos modos la anécdota nos muestra el nivel lamentable de la política que proponen los partidos minoritarios de la derecha. El problema es que el jefe de la oposición, que debería trabajar siendo el principal interlocutor del gobierno y de la fuerza política de gobierno no participa de la tarea, tiene otros planes se está preparando para 2029, los años de construir, invertir, compartir y crecer juntas y juntos, dilapidados en un ejercicio de culto a un hombre egocéntrico y banal con un solo atributo, la ambición de poder.
Es posible que la principal tarea política en este tiempo enloquecido sea la construcción y preservación de la confianza, y no hablo de hacer simplemente un acto de fe acrítico, o de invocar otra vez a la esperanza, más bien de hacernos cargo de nuestra labor, con todo lo que ello implica. El espacio público está lleno de desencantados e indignados profetas del desastre, mientras algunos a las y los que les toca pagar unos pesos más se rasgan las vestiduras en nombre de la libertad. Tenemos en el show mediático un predominio sobreactuado de las y los malla oro quejándose porque no pueden acumular como antes, mientras en muchos casos, la gran mayoría que está empezando a recomponer lo perdido en el período pasado, parece no entender lo que está pasando. El proceso de transferencia de recursos desde la mayoría de trabajadoras y trabajadores, pequeños empresarios y productores, de jubilados y quienes no tienen nada hacia la minoría de las y los malla oro, establecido por los blancos y su coalición multicolor, ahora se está convirtiendo en un flujo incipiente de redistribución orientado a beneficiar a la gran mayoría. Cuando más de cien mil familias reciben el bono escolar, por mencionar un ejemplo obvio, no es por decisión de los Lacalle Pou, Delgado, Ojeda, Bordaberry o Mieres; y hay que decirlo en voz alta y sin falsa modestia.
El tunel del tiempo
Hoy hablamos del túnel de 18 de julio, como si no nos atreviéramos a llamarlo por su nombre, el subte de Montevideo. Como si fuera algo más allá de nuestro alcance, o quizás algo que no merecemos. Hay algo de baja autoestima A nadie debería sorprender la decisión de hacer una inversión de U$S600 millones en Montevideo, el proyecto de reforma del sistema de transporte metropolitano es un proyecto válido y necesario para la ciudad, esta región y millones de personas. El gobierno nacional junto a los gobiernos departamentales impulsan una transformación que tiene sus riesgos, obvio, pero que también supone una gran oportunidad. Vamos que Montevideo necesita esa inversión, puede comenzar a construir un subte que es necesario y el área metropolitana no solo necesita transporte eficiente y más barato, también hay que pensar en trenes de cercanías y todo tipo de servicios e infraestructuras para una población cautiva de sistemas perimidos. Tenemos un proyecto, ¡hagámoslo!Es obvio que habrá dificultades y molestias, cualquiera que haya hecho una obra en su casa puede entenderlo bien, muchas cosas ya no serán como fueron y de eso se trata, justamente, dejar atrás lo que fuimos y avanzar hacia lo que queremos ser.
Mejor solos que mal acompañados
Hizo muy bien el presidente Orsi en mantenerse al margen y bien lejos de la vergonzosa reunión de una docena de mandatarios latinoamericanos con el inquilino de la Casa Blanca. No hay nada bueno en esa cofradía de sujetos de dudosa reputación y mucho menos en su anfitrión, que está en la cuerda floja por una gestión espantosa, aparte de gravísimas denuncias por pedofilia; nadie sabe si llegará a noviembre a las elecciones parlamentarias, en las que además podría recibir una derrota aplastante. Pero lo que es grave de verdad es la posición tomada por notorios dirigentes de la derecha y los ideólogos que escriben en la página editorial del diario «más vendido». Pretenden ubicar a nuestro gobierno en un espacio antipopular y antidemocrático, alineado con el peor imperialismo neofascista de una potencia decadente que impone su dominación por la fuerza. La derecha uruguaya solía ser inteligente, ahora ni eso. Ahora bien, lo que está faltando es un claro y contundente pronunciamiento político que llame a las cosas por su nombre y que la derecha se haga cargo de lo suyo.
A decir verdad hay mucha evidencia que demuestra que hay un esfuerzo bien orientado y con buenas intenciones, pero también sabemos que eso no es suficiente. Para hacer realidad una verdadera práctica de cambios en este tiempo enloquecido, antes que nada tenemos que reconocer y decir fuerte y claro, que hay cosas que ya superamos. Aquello de que la izquierda y el vasto campo popular son una amenaza para la libertad y el progreso es un prejuicio que hace rato que desmentimos con hechos. Nadie en el Uruguay contemporáneo ha hecho más por el crecimiento con distribución orientado hacia la justicia social que los cuatro gobiernos del Frente Amplio. Sin embargo, la derecha más o menos coaligada vuelve con el mismo planteo como si nada hubiera pasado. Y en definitiva tenemos que hacer que todas esas ideas y propuestas que se cuecen en las oficinas y que discuten funcionarios, dirigentes y autoridades se conviertan en realidad.
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