El llamado del deber
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Escribe: Gustavo Antúnez.
Tengo para mí que una publicación electrónica como esta sirve para mirar la realidad, considerar los hechos y acercárnosles de otra manera, si todas y todos nos atenemos sin cuestionar a la agenda del show mediático, perdemos de vista la densidad y heterogeneidad de las diversas maneras de ser y estar en el mundo y de las cosas de la vida. Hoy en día la tendencia nos lleva a prepo hacia el predominio de lo breve, truculento y emocional, si además es autorreferencial y confirma nuestra opinión mucho mejor. A veces, el chamuyo de las redes sociales parece, como diría Shakespeare, «el relato de un necio, lleno de sonidos y furia, pero sin significado». En ocasiones las personas esperan con ansias la noticia, el impacto efímero de lo nuevo y exclusivo y la verdad es que el mundo está repleto de noticias, si hay algo que sobra son noticias. Pero en el fondo persiste insatisfecha la necesidad de entender, de ahí siempre surge un malestar difuso y constante que reclama otra noticia, el último chimento o la nueva provocación; una espiral interminable para soslayar un vacío que no se puede llenar.
La era de la penumbra
Hay que decirlo otra vez, la inestabilidad endémica de la vida de la abrumadora mayoría de mujeres y hombres hoy en día, es la causa última de la policrisis que sobrelleva la sociedad y nuestras comunidades, esto no tiene en primera instancia nada que ver con el déficit fiscal, con la estafa de Cardama, los organismos de contralor ni con los histeriqueos de una derecha regresiva o la parsimonia de una izquierda indecisa. Se trata de un proceso a largo plazo de construcción de seguridad humana integral como finalidad; esto es que ninguna persona padezca penurias inaceptables por la inevitable amenaza de la miseria, la violencia, el hambre, la enfermedad o la excedencia. Para alcanzar este objetivo tendremos que transformarnos en otro tipo de sociedad, algo que hoy por hoy lamentablemente parece un divague traído de los pelos desde el siglo pasado. Pero, ¿qué remedio? la verdad es que sigo pensando en la liberación y el socialismo; y tenemos que admitir que hoy estamos, en términos generales, yendo en sentido contrario; el modelo de neoimperialismo corporativo que ahora promueve el capitalismo tardío es lo último que necesitamos.
A nadie debería llamarle la atención cuando les hablo de otras manera de habitar el espacio público, en la vida real o en el universo virtual, pero para mi sorpresa la verdad es que la mayoría de personas, incluso nuestros compañeros más cercanos prefieren la comodidad engañosa de lo mayormente aceptado, «a mí dejame así que estoy cómodo», «no me pidas ese esfuerzo, si ya tengo todo resuelto», «quisiera cambiar pero no se cómo» o «es demasiado trabajo y muy difícil» como si los cambios por los que venimos peleando desde hace cincuenta años fueran … como si los muchos cambios valiosos y avanzados que ya hicimos fueran solo un dato, olvidando los enormes esfuerzos y sacrificios de las y los que los hicieron realidad. La cuestión es que tenemos que admitir que el mundo de la globalización neoliberal en que vivíamos, ya no existe más; lo que nos obliga a revisar todos nuestros planes y supuestos procurando una estrategia adaptativa a una coyuntura tóxica, volátil e inflamable. Un verdadero derrumbamiento moral que nos reclama una actitud de aguante y resistencia.
Si no cambias vos, no cambia nada
No hace falta un acto de gobierno para hacer lo correcto, «si está mal, no lo hagas» solía decir Marco Aurelio, con esa sencillez y claridad de los estoicos, y dos mil años después estamos en la misma. Esto no se trata de tu comodidad o la mía, de si somos o no capaces, simplemente es el llamado del deber. Es decir cada una y cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar, no importa el lugar que ocupe, no importa el momento, lo realmente importante si queremos recuperar la posibilidad del bien común es dejar la comodidad y alguna ventaja circunstancial para avanzar. Pero no podemos perder de vista que el tiempo vuela y que las y los adversarios también juegan. Si no somos capaces de salir de nuestra zona de confort para jugarnos enteros por aquello que buscamos y en lo que creemos, si nos quedamos atrapados en la lógica de lo posible o lo socialmente aceptado, o peor aún si damos por bueno el vacuo interés de la derecha neoliberal/conservadora, habremos perdido lo sustantivo de nuestra identidad de izquierdas, además de una preciosa oportunidad de superación colectiva.
Tenemos un programa exigente y un compromiso ciudadano fundado en décadas de luchas por un país igualitario y orientado hacia la justicia social. Es cierto que estamos lejos aún de acercarnos a lo que nos proponemos, por añadidura tenemos tareas y obligaciones que no están en el programa pero nos reclaman igual; por todas estas razones y por lo mucho que tenemos que hacer es que leo, pienso y escribo cada semana, al fin y al cabo la tarea que me convoca desde hace más de cuatro décadas sigue siendo la misma, trabajar desde el valor de la palabra hablada, escrita o televisada al servicio de una contínua transformación procurando ser mejores, y como siempre para conseguirlo, tu apoyo cuenta.
Tu apoyo en mi cuenta BROU
elegí el monto y transferí al móvil de Gustavo.
O escribime a gustavo@undernet.uy y te lo paso.
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